¿Esparcimiento de noticias falsas gracias a un fenómeno psicológico?

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La información pasa de persona a persona, a cada instante, en cualquier lugar del planeta. Con el paso del tiempo el ser humano vio la necesidad de intercambiar datos. “El conocimiento es poder” dijo hace mucho Sir Francis Bacon, y apoya la idea de que, quien conoce el panorama por completo podrá escalar cualquier cima.

El acelerado crecimiento desde hace unas décadas atrás trajo consigo el internet, esta red de computadoras de la cual actualmente no podemos escapar, ni negar. Facilitó en gran medida la digitalización de los documentos albergados por mucho tiempo en las bibliotecas, y mantiene a cada uno de nosotros actualizado, gracias al traslado de los medios noticiosos a este.

Otro gran paso fue la invención de las redes sociales, facilitó el compartir momentos, información y demás data que podría considerarse importante (o no), pudiendo así ser enviada por cualquiera, sin importar su región. Cumple como un vínculo social, un añadido de gran relevancia para ciertas personas; un enlace para que las empresas conozcan qué nos gusta, y vender su producto.

Pero más allá de las innovaciones, el ser humano no ha cambiado su forma de pensar, de actuar. Hay quienes esparcen rumores, atacando o juzgando todo aquello que le apetezca. La crítica es buena, pero en base a argumentos lo suficientemente sólidos (basados en hechos comprobados) para considerarse ciertos.

El sesgo de confirmación en la actualidad

Las creencias impulsan a muchos a defender lo indefendible, pero quienes efectúan este tipo de acciones son los principales actores dentro de la obra de “la desinformación”. El sesgo de confirmación seduce a las personas, les invita a creer lo que aún no se ha comprobado, esto debido a que dichos sujetos tienden a compartir todo aquello que favorezca sus propias hipótesis.

Anteriormente habíamos hablado del sesgo de confirmación, y como está fuertemente unido al efecto Forer. Y es que, el sujeto al confirmar sus propias creencias la validará como cierta. Los individuos segmentan la información, buscando minuciosamente todo aquello que apruebe desesperadamente lo que ellos piensan en determinada situación.

Es por esto que muchas personas comparten artículos de fuentes desconocidas. En gran parte por el desconocimiento de cómo filtrar lo que es verdadero, a lo que no. En internet cualquiera puede hacer un sitio web y compartir información no corroborada, anexarla a una red social y sólo observar el como todas las personas lo comparten en manada.

El sesgo de confirmación, término acuñado por el el psicólogo inglés Peter Cathcart Wason, ha servido para explicar otros fenómenos como la correlación ilusoria (percibir dos sucesos o situaciones aislados y relacionarlos), la polarización de las actitudes (desacuerdo de dos personas que se basan en la misma prueba, pero presentan una polarización de la información) o la perseverancia de las creencias (el sujeto mantiene su postura aún cuando se ha demostrado su falsedad).

Ahora, hago este ejemplo: estás en Facebook y tu mejor amigo, llamado Pablito, compartió una publicación que citaba que las personas en realidad son de color azul. Como toda la vida creíste que éramos parte del vídeo “I’m Blue” de Eiffel 65 compartes nuevamente la publicación, y poco a poco se diluye entre medio de tus contactos. Lo interesante es que muchas personas ni entrarán al sitio web para leer minuciosamente, sino que se guiarán sólo por el título. Puede que una persona te escriba diciendo que eso no es cierto, y presente pruebas científicas apoyando su teoría, pero sólo tu sabes que eso no es así y harás caso omiso (perseverancia de las creencias) ya que hubo una vez hace mucho que te topaste con una persona que tenía coloración azulada (correlación ilusoria).

¿Relacionado a las ‘fake news’?

La desinformación siempre ha estado disuelta en nuestra realidad, pero la palabra ‘fake news’ (noticias falsas, en inglés) fue tendencia en el año 2017. Creada con la finalidad de corromper la verdad, las noticias falsas son una herramienta utilizada a lo largo de la historia para engañar a la audiencia, y disuadir a las personas. Como ejemplo podríamos mencionar la propaganda nazi, que utilizaba la comunicación en masa (radio) y el miedo para llevar al pueblo a odiar a un segmento de la población (los judíos), así gracias a la información falsa colaborar con el Estado.

La globalización y el intercambio constante de información gracias al internet hizo que las personas relacionaran que “todo lo que está en la red es cierto”. Es por esto que hay sujetos que toman verdadero lo que leen en The New York Time como lo que encuentran en Tu Noticia Verdadera. La primera siendo un medio de noticias reconocido, y el segundo un sitio al azar.

Aunque en muchos casos se culpa a los bots (tema candente en la injerencia rusa) sobre la manipulación de las masas, está claro que el ser humano tiene la culpa al no filtrar la información. Preocupación que ha llegado a empresas como Facebook, Google y Twitter, debido que en sus plataformas es donde estos rumores y acusaciones falsas (sin hechos) toman vuelo, haciendo dudar a la población.

Tim Berners-Lee (inventor del World Wide Web) escribió en una carta abierta los peligros de que un puñado de empresas controlen lo que se ve y comparte en el internet. Facebook es una de las que actualmente se le investiga por muchos casos, entre ellos por las fake news. Es por esto que la plataforma ideaba una forma de priorizar las noticias “confiables” cuestión que no cuadra mucho, y más si son los mismos usuarios quienes tendrán la tarea de hacer esto.

Uniendo las noticias falsas (y el cómo se esparcen por las redes sociales) junto al sesgo de confirmación, estaríamos entrando en un caos de desinformación. Serían tan sencillo como impulsar un tuit o publicación sin fuentes confiables en una determinada región, lanzando así el cebo. Picará todo aquel que tiene por creencia propia pensará que esa ‘información’ es cierta, y ayudará de manera orgánica a que se siga viralizando.

Indagando más sobre las noticias falsa podremos darnos cuentas que una parte de ella es con un fin satírico. Una herramienta utilizada para exagerar y apuntar hacia hechos que en realidad nunca existieron, pero que tienen un trasfondo humorístico. Aún así, muchos individuos no saben distinguir entre un contenido satírico a uno basado en hechos, esto debido a que los dos guardan cierta similitud en su formato. En otros casos lleva connotaciones económicas, políticas o de propaganda.

Es hora de educar a las población, para que aprendan a elegir con certera sus fuentes de información. Las fake news siempre estarán ahí al acecho, pero es cuestión de nosotros como lectores responsables el distinguir y analizar cada de las afirmaciones. Por otro lado, tener un pensamiento menos sesgado y poder poseer una mirada más crítica y sin limitación se convertiría en la mejor arma para acabar con la viralización orgánica de datos falseados.

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