El interés propio como oportunidad para España

El parlamento español ha reelegido al primer ministro interino Pedro Sánchez como jefe de gobierno. (IMAGO / ABACAPRESS / IMAGO / Europa Press / ABACA)

Si realmente quieren hacer las paces y la reconciliación, deben acercarse unos a otros. Pedro Sánchez está haciendo precisamente eso: estrechar la mano de los separatistas catalanes. Pero lo hace principalmente por egoísmo. Sánchez ha cambiado su postura sobre la amnistía para los partidarios de la independencia catalana, en gran medida por cálculos políticos de poder. No fue el primer político profesional que actuó con fines egoístas. ¿Y qué?

¿Por qué no pensar diferente: el egoísmo como oportunidad para sanar la herida que lleva décadas abierta en España? Hacer responsable a Pedro Sánchez en consecuencia.

Una mirada al resto del mundo muestra que la reconciliación sólo es posible mediante la acomodación. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación creada en Sudáfrica tras el fin del apartheid es vista mundialmente como un modelo exitoso para reunir a las personas después de las guerras civiles. Sin este compromiso, la transición pacífica a la democracia puede haber fracasado.

El perdón como oportunidad de reconciliación

En Irlanda del Norte, se eligió la amnistía como herramienta política, siempre que los infractores cooperaran con un comité de reconciliación independiente (controvertido y ciertamente no perfecto, pero no obra del diablo por ser personalmente inconstitucional). La Constitución española no concede amnistía, pero tampoco la prohíbe expresamente. Es bueno que Sánchez quiera aprovechar esta oportunidad.

Y es más que sólo Cataluña. Otras comunidades autónomas, como Galicia o el País Vasco, se consideran naciones dentro de naciones. Una construcción que ha funcionado de forma muy constante a lo largo de los años en un Reino Unido concreto. Por eso es bueno que la jugada de Sánchez indique una dirección similar.

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La diversidad lingüística y cultural es un activo

La alternativa, sin embargo, es la siguiente: el conservador Partido Popular no parece tener un interés serio en la amnistía o la diversidad; no estamos hablando necesariamente del partido de extrema derecha Vox. Su visión es clara: el español es todo lo que es Castelli, y todos los demás deberían mantener la boca cerrada. Otras minorías del país deberían tomar nota de esto.

Cualquiera que afirme seriamente que permitir lenguas cooficiales como el euskera, el gallego o el catalán en los debates parlamentarios pondría en peligro la unidad de la nación no le preocupa la igualdad para todos, sino la igualdad y el dominio.

Con su egoísmo, el socialista Pedro Sánchez ha creado, al menos en teoría, la posibilidad de una España diferente en la que todos sus elementos puedan tratarse como iguales. Considera su diversidad lingüística y cultural como una ventaja y no como un accidente industrial: así es como se debe medir.

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